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NOTICIA 782

17.02.2025

DE LA CONVERSIÓN A CRISTO Y EL TESTIMONIO DE FE

Notas de referencia:

INFOCATÓLICA. 04 de febrero de 2025. Un antiguo imán paquistaní da testimonio de su conversión al cristianismo. SU VIDA HA ESTADO Y ESTÁ EN PELIGRO. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=51565

INFOCATÓLICA. 17 de febrero de 2025. «Todos los que me rodean creen que si me matan conseguirán el paraíso». TESTIMONIO DE UNA CONVERSA EN PAKISTÁN. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=51664

Hablar de conversiones al catolicismo resulta edificante para nuestros oídos, pero pocas veces reflexionamos sobre las implicaciones que la conversión trae consigo. En nuestro medio una conversión -si bien es dolorosa internamente- pasa prácticamente inadvertida; es conocida solamente por el converso y sus íntimos, así como del guía espiritual, generalmente un sacerdote, que apoya y orienta. Pero no es así en otros lugares, especialmente donde los cristianos son una minoría y las religiones imperantes son abiertamente anticatólica. En esos medios, la conversión frecuentemente se asocia con persecución, rechazo social, discriminación y hasta el riesgo de perder la vida. Las conversiones que aquí comentamos se ubican en este medio anticristiano.

No es fácil que una persona con creencias distintas del cristianismo se atreva a dejar su antiguo modo de pensar y de actuar, para emprender un nuevo camino siguiendo a Cristo.

Si bien los caminos de Dios son de lo más distinto, para alcanzar la gracia de la conversión, requiere de converso al menos dos virtudes imprescindibles: la honestidad intelectual necesaria para reconocer lo verdadero sobre lo falso y la valentía para tomar una decisión que sin duda afectará toda su vida. A cambio, Dios otorga la gracia de la conversión, que mueve, a los que le buscan, a un encuentro personal con Él mismo. Esta gracia abre el camino de la salvación.

En esta ocasión tomamos como referencia dos notas en que nos narran los procesos de conversión:

La primera nos narra la historia de Patras Paul, un antiguo imán (una especie de ministro de la religión islámica) que inicia su conversión en el mismo Corán (el equivalente islámico a la Biblia de los cristianos). El libro del Islam toma de la Biblia algunos pasajes que luego reproduce -si bien interpretados en la manera de pensar- de Mahoma, el fundador de esta religión. Uno de estos pasajes incluidos en el Corán, es el relato del sacrificio ordenado por Dios a Abraham, que, para probar su fidelidad, le pidió que sacrificara a su propio hijo. Antes de que esto sucediera, un ángel se aparece a Abraham y detiene su mano. Y en lugar de su hijo le ofrece un cordero. La imagen del cordero ofrecido para el sacrificio, quedó grabada en Patras. Le intrigaba enormemente cuál era el significado de esta víctima. Con el tiempo entendió que el Cordero era una representación de Cristo, ofrecido al Eterno Padre en sacrificio por nuestros pecados.

Dice la nota:

Un amigo le proporcionó una copia del Evangelio y al leerlo se sintió profundamente impactado por las palabras de san Juan: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito» (Jn 3,16) y «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). A partir de ese momento, comenzó a leer la Biblia con fervor y a rezar solo a Jesucristo, aceptándolo como su Salvador.

Su conversión le acarreó serias dificultades. Fue arrestado y acusado de blasfemia. Estuvo un año en prisión. Y desde entonces, ha sido perseguido y amenazado; su vida frecuentemente se encuentra en peligro, pues para los musulmanes no hay un delito más grave que abandonar la religión islámica para convertirse al catolicismo.

La segunda historia tiene similitudes con la de Patras Paul. En este caso se trata de Naseem, quien desde niña se sentía atraída por las historias sobre Jesús y María, que se relatan en el Corán:

«Me conmovía la historia de Jesús, sus milagros, su compasión y la paz que sentía cada vez que oía hablar de Él» …

Años después, mientras trabajaba en los campos de una aldea cristiana cercana, Naseem conoció a un joven cristiano que la escuchó: «Le dije cuánto amaba a Jesús y a María y que su historia me daba paz y consuelo», recuerda. Esta sencilla conversación fue el primer paso en el profundo camino de fe de Naseem.

«… elegí aceptar a María y me convertí al cristianismo». … «Me amenazaron de muerte, pero Jesús me protegió» … «Todos los que me rodean me ven como una infiel, una incrédula. Creen que si me matan conseguirán el paraíso»

Estas dos conversiones son un ejemplo del testimonio de fe, para todos los que decimos ser discípulos de Nuestro Señor Jesucristo. Para ellos, el ser cristianos es ser perseguidos y amenazados, a riesgo incluso de la propia vida. Pero lo aceptan por amor a Dios y a su santísima Madre.

Para los que tenemos la gracia y la dicha de haber nacido dentro del catolicismo, estos ejemplos nos parecen lejanos y excepcionales, pero nada que nos mueva a dar testimonio, puesto que nuestras vidas no están en peligro como las de estos valerosos cristianos.

Esto es un concepto equivocado. Todos los cristianos estamos llamados a dar testimonio. Nadie esté exento de ello. Dice Nuestro Señor: …mas a quien me negare delante de los hombres, Yo también le negaré delante de mi Padre, que está en los cielos.

Hemos visto que muchas personas llevan camisetas de sus equipos de futbol preferidos; y son capaces de defender, con palabras y acciones, a quienes defienden equipos contrarios. Pero prácticamente no vemos católicos que vistan y se comporten como católicos y que se sientan orgullosos de ser católicos. Ante los demás, parece que se avergüenzan de ser católicos, ocultan aquellos símbolos que nos identifican, y no cumplen siquiera las obligaciones religiosas básicas… ¿Cómo podemos esperar que den testimonio de su fe en las cosas importantes, aún con riesgo de su propia vida, si ni siquiera pueden hacerlo en las cosas pequeñas?

Vivamos como católicos, mostremos con orgullo nuestra fe. Empecemos viviendo como católicos, buscando nuestra perfección moral y espiritual. Si así lo hacemos, cuando Dios nos de el privilegio de dar un testimonio mayor, estaremos en condiciones de sostenernos, como dice San Pablo FIRMES EN LA FE.


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