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CONFERENCIA INAUGURAL DEL 26 CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA. Ayaan Hirsi Alí: «Cuanta menos presencia hay del cristianismo en la sociedad, mayor crisis moral en Occidente». INFOCATÓLICA. 16nov24. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=50944
Resumen:
El Congreso Católicos y Vida Pública organizado anualmente por la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU, inició ayer su 26 edición titulada: 'Quo vadis? Pensar y actuar en tiempos de incertidumbre', con la intervención de Ayaan Hirsi Alí, escritora y activista somalí. Durante su conferencia titulada: 'Libres para buscar la verdad', ha asegurado que «cuanta menos presencia hay del cristianismo en la sociedad, mayor crisis moral en Occidente». En este sentido, la escritora ha apelado a una mayor investigación sobre el impacto que tiene la ausencia de la enseñanza religiosa cristiana en las sociedades occidentales.

En su intervención, Hirsi Alí ha alertado de las amenazas que sufren las civilizaciones occidentales como el multiculturalismo y la globalización, «las dos caras de la misma moneda»; la retribalización de la sociedad, a través de la búsqueda de la diversidad; los grupos identitarios, «que no tienen lealtad nacional al país que llaman hogar»; la evaporación de un conjunto de valores compartidos y la fragmentación de la identidad; y la etnización y racialización de todas las cuestiones políticas.
Entre estas amenazas, la activista ha destacado el abuso de la burocracia por parte de unos pocos para oprimir a la mayoría. «Hemos visto atroces restricciones a la libertad de expresión, de religión y el resurgimiento de un racismo válido y legítimo contra los blancos y contra los judíos en Europa y en América en nombre de la justicia social interseccional», ha subrayado. Asimismo, ha advertido la huida del cristianismo y la proliferación de «pseudoreligiones que se presentan como iguales o superiores al propio cristianismo» y el atractivo de las ideas que desafían la realidad y de los falsos dioses, como «la existencia de múltiples géneros».
En esta línea, Hirsi Alí ha criticado la incapacidad de responder a las ideas subversivas del enemigo que se infiltran en nuestras escuelas y otras instituciones de enseñanza. «Los niños no pueden aprender la diferencia entre el bien y el mal; lo verdadero y lo falso, si no existe una verdad objetiva o una filosofía moral superior», ha explicado. «La búsqueda de la verdad en la universidad se sustituye por el desarrollo de narrativas y la búsqueda de la excelencia a través del mérito es tachada de enemiga de la diversidad. Si continúa esta tendencia, marcará el comienzo de la decadencia», ha apuntado.
La activista somalí ha animado a abrazar el nacionalismo cívico y la nación idealizados en las constituciones escritas y no escritas de Occidente. «Debemos recuperar un cristianismo seguro y firme. Las iglesias deben dejar de adoptar cada nueva moda y revivir el verdadero mensaje y las enseñanzas de Cristo. Debemos resistir al declive demográfico en curso. Hagamos atractivo y factible que los jóvenes se casen y formen familias. Las escuelas, las universidades y las artes deben reconocer su papel en la promoción del ethos cristiano que condujo a la formación de las instituciones que hacen extraordinario a Occidente». Solo recuperando un sentido de unidad basado en valores comunes y no en las diferencias, podremos construir sociedades más fuertes y cohesionadas en estos tiempos de incertidumbre».

El nuncio del Vaticano en España, Mons. Bernardito Auza, ha recordado que «en una era de imprevisibilidad y deshumanización, hay un reclamo que no puede ser erradicado: la búsqueda de Dios». En esta línea ha intervenido el consiliario nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y arzobispo emérito de Burgos, Mons. Fidel Herráez, quien ha destacado que «los tiempos que requieren firmeza y reciedumbre deben afrontarse con fe, esperanza y amor».
COMENTARIOS
La premisa principal es obvia: a medida que se reduce la presencia del cristianismo en la sociedad, aumenta la crisis moral.
Esto se puede demostrar mediante un simple silogismo:
- El cristianismo impone a la sociedad la cultura cristiana occidental
- La cultura cristiana occidental está basada en una moral objetiva, intemporal (no relativista).
- El cristianismo desaparece, entonces desaparece la moral intemporal. (Se convierte en una moral relativista)
Este es exactamente lo que estamos viviendo. El declive de la Iglesia Católica trae como resultado el declive no sólo de la fe, sino también de las normas morales que había impreso en la sociedad. Entonces se produce la crisis moral, que tiene rasgos muy característicos: las normas tienen un carácter positivo y contextual (las dictan los hombres); son aplicadas según las interpretaciones o los intereses de quienes las norman y aplican; y adquieren ese carácter relativista que confunde lo bueno con lo malo, lo correcto con lo incorrecto.
Parece mentira, pero el sólo hecho de renunciar al cristianismo, como doctrina y como cultura, trae como consecuencia el caos a la sociedad. Y es que si no hay una Autoridad Suprema (Dios) que impone reglas inamovibles (sus Mandamientos) entonces terminamos obedeciendo a cualquiera que tenga poder para imponer sus mandatos. Bien decían nuestros padres y abuelos: "El que no conoce a Dios, a cualquier mono se le hinca".
Pero, regresando a la nota comentada, Hirsi Alí nos previene contra diferentes peligros. Algunos de ellos son el multiculturalismo, la globalización, la evaporación de un conjunto de valores compartidos, la fragmentación de la identidad; y la aparición de las pseudoreligiones, entre otras.
Comentemos brevemente estos peligros, identificando en qué consisten, como medio para poder prevenirlos y combatirlos.
La globalización es un fenómeno espontáneo que se da por la compleja interacción comercial, turística, educativa, etc. Entre los diferentes países. Pero debemos de distinguirla -como lo haces los expertos en el tema- del globalismo. El globalismo es una tendencia ideológica que parte de quienes tienen el poder político y económico a nivel mundial para conformar a las naciones y sociedades bajo una serie de creencias, opiniones y prácticas que responden a sus intereses como grupos de poder, y que tienen como fin uniformar a la sociedad; es decir, manipularla y controlarla de acuerdo a sus deseos. Es precisamente el globalismo el que está imponiendo las ideologías de género, el derecho al aborto, la homosexualidad, la eutanasia, el odio al cristianismo, la inmigración descontrolada, etc. Y lo hace de una manera despótica, sancionando no solo a las personas, sino también a los países que se resisten. Contra este globalismo debemos anteponer la Tradición Cristiana y las culturas y soberanías nacionales.
La interculturalidad puede ser un proceso también espontáneo, que regularmente acompaña a la globalización. Pero el riesgo que trae consigo es grande. Solo observemos lo que sucede en Europa. Ha sido invadida por diferentes etnias pero prácticamente con una misma religión: el Islam. ¿Qué ha sucedido? Que las nuevas etnias no se han adaptado a las culturas que las reciben, y por el contrario, se han dedicado a esparcir sus doctrinas en las sociedades europeas, al grado de que es visible cómo, en la medida en que se cierran iglesias por el abandono de fieles, se abren mezquitas para el Islam. Dejaron entrar al enemigo y está desplazando a Cristo de sus iglesias. Conocer otras culturas enriquece, pero sólo si antes conocemos la nuestra, la conservamos y sabemos defenderla en caso necesario.

Sobre la evaporación de los valores compartidos, o, mejor dicho, de la Cultura Cristiana Occidental. La Cultura Occidental fue formada por los aportes de las culturas clásicas griegas y latinas, pero enriquecida y perfeccionada por el cristianismo. De esta cultura se derivó el Derecho que normaba a todas las naciones, bajo la idea de que Dios era el principio rector de toda norma; la Moral, que enseñaba lo que está bien o mal y las implicaciones de las acciones del hombre; se desarrollo la Filosofía, con una base en el realismo metafísico, que reglaba una forma de analizar e interpretar la misma realidad, evitando los materialismos y los subjetivismos; la educación tenía siempre como fin acercar al hombre a su destino final, hacia su salvación. Y así sucedió también con el arte y la literatura, la política, la historia y demás ciencias y campos del quehacer humano, hasta llegar a las mismas reglas de convivencia social. Todo esto es lo que estamos perdiendo al renunciar a la Cultura Cristiana Occidental.
La fragmentación de la identidad es un producto del globalismo, que nos lleva a olvidar lo que somos, nuestras raíces, de dónde venimos y a dónde vamos. El principal ataque de los globalistas en este sentido es por medio de la tecnología, donde todo se convierte en virtual, alejándose de lo real. Cada vez perdemos más el sentido de algunos conceptos que son claves para un cristiano: qué es la libertad, qué valor tiene la vida, qué es el amor, qué es la familia, qué es la Patria… es más, ya no alcanzamos a distinguir con precisión lo que es un hombre de una mujer.
En medio de la confusión y por la necesidad innata del hombre de buscar a Dios, aparecen las pseudoreligiones, que en su mayoría son sólo estafas que enriquecen a unos pocos vividores y en el mejor de los casos prácticas que pretenden ser espirituales, pero que no cruzan la barrera de lo inmanente, de lo mundano. Esto sin contar las aberraciones doctrinales de quienes, escudándose en el cristianismo, pretenden dar validez por igual a todas las religiones, para así crear una "religión universal", pero de origen y fines terrenales.
Contra estos ataques al catolicismo es mas necesario que nunca que conozcamos nuestra doctrina, que la practiquemos y que estemos dispuestos a dar testimonio defendiéndola. ¿Por qué? Porque es un mandato divino, y para ello hemos sido preparados mediante el bautismo, la confirmación y los demás sacramentos, pero especialmente la Eucaristía. Además, porque es la única dentro de la cual hay salvación. Lo que encesitamos es, como lo indicó San Pío X "restaurar todo en Cristo.