NOTICIA COMENTADA 770
DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. La Inmaculada Concepción la respuesta de Pío IX a los ídolos de la modernidad. LA NUOVA BUSSUOLA QUOTIDIANA. Por Stefano Fontana. 07dic24. https://lanuovabq.it/it/limmacolata-risposta-di-pio-ix-agli-idoli-della-modernita
Resumen:
El dogma proclamado en 1854 recuerda al mundo que el origen de todos los males sociales y políticos es el pecado, del que sólo María es inmune.
Publicamos extractos del artículo La Inmaculada Concepción, la respuesta de Pío IX a la modernidad "inoxidable", escrito por Stefano Fontana en La Bussola Mensile en diciembre. Para informarse y suscribirse a nuestra revista de formación apologética: labussolamensile.it

El 8 de diciembre es una gran solemnidad para la Iglesia. En él se celebra la inmaculada concepción de María Santísima. En la impecabilidad de la Madre de Dios, la Providencia nos muestra de manera realista la humanidad redimida. La proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción fue hecha por Pío IX el 8 de diciembre de 1854 mediante la bula Ineffabilis Deus que decía: «Declaramos, pronunciamos y definimos como revelada por Dios la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, desde el momento de la concepción, por gracia y privilegio singular de Dios y en vista de los méritos de Jesucristo, salvador del género humano, ha sido preservada libre de toda mancha del pecado original, y esto debe ser, por tanto, objeto de fe cierta e inmutable para todos los fieles". (...)
La proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María Santísima ciertamente tiene una enorme relevancia desde el punto de vista de la fe católica y un significado profundamente religioso, pero también debe ser considerada en sus efectos sociales y políticos. La Doctrina Social de la Iglesia, que recibió su formulación moderna y fue relanzada precisamente en esas décadas, tiene un verdadero "carácter mariano". El Ineffabilis Deus es también una respuesta a las ideologías perversas de la modernidad, una respuesta como sólo la Iglesia sabe y puede hacer, es decir, de manera dogmática. De hecho, en la historia del movimiento católico, el 8 de diciembre fue la ocasión para que miembros de la Acción Católica pronunciaran solemnemente ante el Altar su juramento de compromiso católico en la sociedad y en la política.
Si volvemos la mente al año 1854 e intentamos reconstruir las amenazas a la sociedad humana y a la Iglesia de aquella época, podremos comprender este significado particular del dogma de la Inmaculada Concepción. Desde que Rousseau decretó que el hombre nace bueno y libre mientras es la sociedad la que lo pervierte y lo encadena, el pecado fue borrado de toda consideración política y la salvación de los hombres fue confiada a reformas o revoluciones. La filosofía política moderna, que luego resultó en la Revolución Francesa y los movimientos revolucionarios del siglo XIX, suprime el pecado original y la idea misma de pecado y ya no cree que necesita al Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado para alcanzar la salvación.
En ese año 1854 recién se producían los disturbios del 48, Marx había publicado el Manifiesto Comunista, proponiendo una salvación terrenal traída por la clase proletaria, el nuevo salvador de la humanidad, Ernest Renan había escrito en esos años El futuro de la ciencia, es decir, el manifiesto de la liberación de todo mal gracias al desarrollo científico. Auguste Comte, que moriría unos años más tarde, en 1857, había prefigurado un progreso histórico que desembocaría en una nueva religión de la humanidad basada en el conocimiento científico que eliminaría todas las ilusiones religiosas y filosóficas anteriores porque los hombres finalmente se adherirían a la única. De hecho, el anarquismo de Bakunin predicaba la eliminación de cualquier autoridad familiar, política o religiosa. Todas estas ideologías que dieron lugar a movimientos históricos trabajaron duro para eliminar a Dios de la plaza pública. (...)
La Iglesia respondió en muchos niveles a un ataque tan complejo y profundo. Pero el principal de estos planes sigue siendo el del dogma. Frente al mundo que pecó por orgullo creyendo que podía salvarse y condenándose así a una perdición atroz, la Iglesia proclamó la Inmaculada Concepción, con la que recordó al mundo que el origen de todos los males sociales y políticos era el pecado, que las injusticias sociales no fueron la causa principal de las dificultades, como la revolución política no fue la solución, que las autoridades deben su legitimidad a Dios y, ante la abjuración de sociedad contemporánea, no propuso soluciones humanas sino divinas. En María Santísima, Dios había proclamado su grandeza providente, había señalado el pecado como origen de todos los males, había declarado que sin la religión católica y sin la Iglesia la comunidad humana no podía hacer más que condenarse a sí misma. El resurgimiento de la Doctrina Social de la Iglesia con León XIII es resultado de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por Pío IX. (...)
Reiterando dogmáticamente la irreconciliabilidad entre Dios y el pecado del mundo, Pío IX reiteró que el objetivo principal del mundo y de la historia no es la celebración del progreso humano sino la gloria de Dios, dado que asistimos a una progresiva secularización de la Doctrina Social de la Iglesia. Como prueba de que éste era el mensaje contenido en el dogma proclamado en 1854, recuerdo que la proclamación de la Inmaculada Concepción debe estar históricamente conectada con la encíclica Quanta cura y con el Syllabus, así como con la apertura del Concilio Vaticano I. Todos los acontecimientos que ahora se recuerdan ocurrieron el 8 de diciembre: en 1854 la proclamación del dogma, en 1864 la Quanta cura y el Syllabus y el Concilio en 1870. Todos juntos expresan la respuesta de Pío IX al pecado moderno…
Llama mucho la atención que hoy la Iglesia, ante los nuevos problemas de la humanidad, esté pensando en crear comisiones y organizar conferencias, o esté empezando a diseñar nuevos planes pastorales, mientras que antes proclamaba dogmas. (...)
COMENTARIOS
El dogma de la Inmaculada concepción de la Santísima Virgen María tiene una especial importancia en la actualidad, porque su sola definición disipa las tinieblas surgidas de innumerables herejías que ahora nos agobian.
La Santísima Virgen, desde el seno de su madre, Santa Ana, fue concebida sin el pecado original. Es la única persona a la que Dios le ha concedido tan grande privilegio. ¿Por qué sucedió este prodigio? Los misterios de Dios son inescrutables, pero resulta obvio que la Mujer en la que el Hijo de Dios encarnaría debería ser toda pura, toda limpia, toda hermosa. Y es una razón suficiente para el entendimiento de cualquier católico, que Nuestro Señor, el Sumo Bien, no es compatible con el pecado, pues el más pequeño de ellos mancharía su Divinidad. Por lo tanto, la Virgen María no podía estar tocada por el pecado original, pues Dios y el pecado son ontológicamente incompatibles.
Pero esta distinción no se hizo sin el consentimiento de María. Dios dio a toda la humanidad el tesoro de la libertad, y respetando la libertad de Nuestra Señora, pidió su consentimiento. Y en la gloria de nuestra redención, el "Sí" de la Virgen Madre tuvo un momento especial: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. (Lc. 1, 38)
La liturgia de esta hermosa celebración toma una lectura del Libro de los Proverbios (escrito alrededor de 1,000 años antes de la venida de Mesías) que la Iglesia aplica a Nuestra Señora, lectura que nos permite entrever algunos ángulos y matices de la grandeza de María, pensada ya por Dios desde la eternidad:
El Señor me tuvo consigo al principio de sus obras, desde el principio, antes que criase cosa alguna. Desde la eternidad tengo yo el principado de todas las cosas, desde antes de los siglos, primero que fuese hecha la tierra. Todavía no existían los abismos o mares, y yo estaba ya concebida; aún no habían brotado las fuentes de las aguas, no estaba sentada la grandiosa mole de los montes, ni aun había collados, cuando yo había ya nacido; aún no había criado la tierra, ni los ríos, ni los ejes del mundo. Cuando extendía él los cielos estaba yo presente; cuando con ley fija encerraba los mares dentro de su ámbito, cuando establecía allá en lo alto las regiones etéreas y ponía en equilibrio los manantiales de las aguas, cuando circunscribía al mar en sus términos, e imponía ley a las aguas para que no traspasasen sus límites; con él estaba yo disponiendo todas las cosas; y eran mis diarios placeres el holgarme continuamente en su presencia, el holgarme en la creación del universo; siendo todas mis delicias el estar con los hijos de los hombres.
Ahora, pues, ¡oh hijos!, escuchadme; Bienaventurados los que siguen mis caminos. Oíd mis documentos, y sed sabios, y no queráis desecharlos. Bienaventurado el hombre que me escucha, y que vela continuamente a las puertas de mi casa, y está de observación en los umbrales de ella. Quien me hallare hallará la vida, y alcanzará del Señor la salvación; mas quien pecare contra mí, dañará a su propia alma. Todos los que me aborrecen a mí, aman la muerte.
Pero Dios no sólo ensalza su predilección por María, sino que la reconoce además como Medianera y Corredentora: Bienaventurados los que siguen mis caminos… Bienaventurado el hombre que me escucha… Quien me hallare hallará la vida, y alcanzará del Señor la salvación…
Sin duda la declaración de este dogma por S. S. Pío XI representa un hito en la historia de la humanidad, no sólo porque era necesario para la Iglesia el reconocer una verdad sostenida desde la antigüedad cristiana, sino que a su vez constituyó un dique para frenar algunas de las más dañinas herejías a las que se enfrentaba este pontífice en su tiempo, pero que subsisten con más encono en nuestros tiempos. El Dogma de la Inmaculada Concepción de María nos recuerda que es el pecado la causa de todos lo males que sufrimos, y que las injusticias sociales, como se argumentaba entonces y ahora, no son sino consecuencias del pecado. Entonces es necesaria la gracia para recuperar la amistad con Dios, y en María tenemos a nuestra intercesora. ¡A Jesús por María! es una verdad que sintetiza la misión de nuestra Madre y Protectora.
¿Cuáles son las herejías sobre las cuáles nos previene este Dogma?
- La negación del pecado original. Juan Jacobo Rousseau no es el único pensador que ataca el pecado original, pero sí es el que más impacto tiene en diversas doctrinas que pasan por ser científicas. Rousseau afirma que el hombre es bueno por naturaleza y que la sociedad y sus instituciones son los que lo corrompen. Es decir, inicia la vida en un estado prácticamente de perfección, pero el contacto con las instituciones sociales lo corrompen. ¿A que instituciones se refiere este autor? Básicamente al Estado, de la Iglesia y fundamentalmente a la familia. Es decir, los culpables de la corrupción humana son los que tienen como función combatir el pecado.
Esta idea no solo es una falsedad, sino que da entrada a muchos errores más. Si a un niño pequeño se le deja en entera libertad, lo más probable es que no sobreviva, pues no tiene el conocimiento y la madurez necesaria para tomar decisiones básicas. Tiene que ser cuidado, protegido y educado para que se convierta en una buena persona, y más importante, para que alcance la perfección que salva. Es precisamente el abuso de una libertad no responsable (libertinaje) la que provoca innumerables pecados y crímenes.
Pero la bondad básica de la persona está íntimamente relacionada con la disminución y el menosprecio de la autoridad. Dicho de otra manera, esta teoría atenta contra la autoridad emanada de Dios y que es responsabilidad de la familia, de la Iglesia y de un Estado legítimo. Conforme a esta doctrina, nadie debe decir a otro lo que debe de hacer… pues lo que haga libremente será lo correcto. Y éste es el sustento de numerosas teorías pedagógicas, sociales y políticas que orientan las actividades sociales en la actualidad… que orientan al hombre, pero hacia su perdición…
También son un atentado contra el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, pues negaría el dogma, y con ello tan sublime regalo de Dios a su Santa Madre.

Esta herejía no resiste la mínima prueba científica, ni siquiera la simple reflexión basada en el sentido común. Probemos: Los hombres son buenos por naturaleza, y si se le deja actuar libremente, siempre hará lo correcto. Pero sucede que los hombres cometen muchos crímenes y pecados que vemos a diario; entonces no pueden ser buenos por naturaleza. Deseamos el bien, pues la Ley Natural nos lo muestra, pero estamos inclinados al mal.
- La afirmación de que el hombre puede salvarse sin necesidad de la gracia y la Redención. Ante la ausencia del pecado original y de la Redención, aparecen numerosas teorías que postulan que la felicidad se puede alcanzar en este mundo, ya sea por medio del progreso humano y por la ciencia, o bien mediante la revolución, ya sea violenta o de cualquier tipo, pero especialmente en nuestros días, la revolución tecnológica.
Bajo esta postura el hombre ya no necesita a Dios. Todo lo puede resolver por sí mismo, incluyendo su propia salvación. Regresamos a la herejía de Pelagio, aparecida a fines del S. IV y condenada a principio del S. V, nada menos que por San Agustín de Hipona. Es imposible salvarse sin la ayuda de Dios; necesitamos de su gracia santificante.
Pero el pelagianismo ha tornado a nuestro tiempo con caretas de cientificismo, del globalismo y de la fraternidad humana. Parece que ya la simple voluntad humana, la ciencia y la tecnología pueden solucionar todos los problemas de nuestro tiempo, negando que la causa real del mal en este mundo es precisamente el pecado, y la inclinación natural del hombre hacia el mismo, heredada por medio del Pecado Original.
- La negación de la Santísima Virgen María como el camino para llegar a Cristo. Además de lo anterior, aceptar la tesis de la bondad básica del hombre, hace innecesaria la Redención, y con ella la intervención de María, como el camino a Jesucristo, y como nuestra intercesora.
La Inmaculada Concepción de María nos recuerda nuestra naturaleza caída y nos muestra el camino necesario para llegar a Jesús. Si negamos a Nuestra Madre, entonces estaremos totalmente perdidos…