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06.01.2025

Balada navideña para los que no pueden nacer. LA NUOVA BUSSOLA QUOTIDIANA. Por Tommaso Scandroglio. 24dic24. https://lanuovabq.it/it/ballata-di-natale-per-chi-non-riesce-a-nascere

Noticia:

Él también nace para los que no han nacido, para los que no pueden venir al mundo; nace para quienes albergan en sí mismos el sufrimiento de la existencia; nació para aquellos que se han dejado apoderar de la banalidad; nació para aquellos que ahora están demasiado cansados ​​para todo;

Él nace también para los que no nacen, para los que, aún con todo su compromiso e ingenio, no logran venir al mundo.

Nace para quienes albergan en sí mismos el sufrimiento de la existencia; para aquellos que permanecen fuera del círculo de la vida porque el dolor una vez sentido se ha vuelto más fuerte con el tiempo y se ha convertido en una prisión de la que es imposible escapar y de la que tal vez ya no se quiera escapar.

Nació para aquellos que sienten el peso del tiempo vivido y juzgado demasiado liviano porque un sentido agudo y sutil de las cosas los vuelve extraños a esta vida y extraños a sus pares que no tienen nada parecido a ellos.

Nació para aquellos que han perdido para siempre esos ojos oscuros como las noches de verano, esas manos que se entrelazaban perfectamente con las suyas, esa sonrisa que era la misma de Dios cuando "vio que todo estaba bien", y no está sumergida por su ausencia, sino por la ausencia impura y simple.

Fue creado para quienes siguen escribiendo la palabra "esperanza" con caracteres negros y no con letras de luz; para aquellos que han dibujado a lo largo de pacientes años un refinado laberinto en el que se han perdido y para aquellos a quienes el sentido último de los días y de las noches se les escapa, pero, inagotable, todavía intenta buscarlo y volver a buscarlo.

Fue creado para aquellos que nunca han llegado a puerto porque nunca han zarpado del puerto; por quienes han hecho del miedo y del miedo los mejores aliados de su fracaso; para aquellos que no tomaron el tren correcto porque estaban en la estación equivocada; para los que querían ser alguien y no tenían que ser nadie; para quienes soñaron con la excelencia y terminaron en la pesadilla de la mediocridad.

Nació para aquellos que han sido secuestrados por la banalidad y han ofrecido todo su ser como rescate, pero sin éxito; por quienes han perdido el hilo de su vida y con él su dignidad; para quienes se han dejado seducir por el desorden, el desorden de los afectos, del dinero, de los abrazos, de los viajes, del vacío y se encuentran enemigos del silencio que todo lo ordena y todo lo compone en unidad y armonía.

Nació para aquellos que han sido golpeados y vilipendiados y ni siquiera han entendido quién o qué los ha golpeado y vilipendiado; para aquellos que se han visto atónitos por años de excesos y sólo han conocido los márgenes de su vida porque siempre han vivido allí.

Nace para aquellos que han sido olvidados, abandonados en el oscuro y frío callejón de la irrelevancia vistiendo sólo el manto de la soledad y la autocompasión; para aquel para quien cada día es un eslabón de una cadena que lo ata al abismo de su propia conciencia destrozada.

Fue creado para aquellos que ahora están demasiado cansados ​​para todo, porque lo han visto todo, probado todo, escuchado todo, dicho todo, pensado todo y sin embargo se sienten tan vacíos y vacíos debido a la demasiada nada en la que están ahogados.

Nació para aquellos que ni siquiera pueden gritar su inmensa desesperación porque ya no creen que nadie en el cielo y en la tierra pueda escucharlos; para aquellos que ya no creen en nada porque todo, sino realmente todo y con constancia y obstinación ha urdido una conspiración contra toda su fe, todos sus anhelos, todas sus expectativas, destruyendo cualquier deseo, cualquier promesa, cualquier trascendencia, transformándolas luego en condenas.

Nació para quienes han construido ruinas, erigido destrucción, compuesto calamidades y terminaron bajo sus propios escombros viviendo una existencia arruinada, desintegrada, arruinada; sin embargo, este hombre, amante del placer, baila sobre una fina capa de hielo que cubre su propio infierno.

Nació para quienes con arrogancia fiscal aplastan a los últimos, humillan a los indefensos, persiguen a los honestos, golpean a los que ya están en el suelo, tejen la urdimbre y la trama de abusos sofisticados en detrimento de los inocentes, se sacian de los tiernos carne del justo, se burla del perdedor, usa el cetro de la soberbia contra el débil.

Nació para quienes han hecho del pecado su entorno existencial, el invernadero en el que cultivar el vicio, lo extremo, lo extraño, la depravación, la perversión, el alambique en el que destilar la oscuridad para cegar a los simples.

Nació entonces para aquellos que no pueden nacer, para renacer a la verdadera vida que es la eterna, que comenzó en el año cero, en el frío de una noche luminosa en Belén.

COMENTARIOS

Balada agridulce; llena esperanza, pero también de tristeza e impotencia…

El Hijo de Dios se hace hombre para traernos la salvación ¡Una gran alegría! Pero también nació para los que nunca tuvieron la oportunidad de conocerlo en este mundo, porque les fue negada esa opción… ¡Gran tristeza!

Nuestra intención es plantear tres cuestiones que nos preocupan sobremanera: 1. Las implicaciones de la negación de la oportunidad de vivir a aquellos a los que ya les fue otorgada la vida; 2. La indiferencia con la que los autores y facilitadores de este genocidio transitan por la vida; y 3. El destino final de las almas inocentes a las que le fue negado alcanzar su destino final.

Antes de analizar cualquiera de las cuestiones es necesario dejar en claro que la vida es propiedad de quien la otorga, y esa persona es Dios. La materia inerte no genera vida; solo el Creador es capaz de darla, pero en el caso del ser humano, no se trata solo de la capacidad para moverse autónomamente, sino también de la creación de un alma inmortal, puesta en el ser humano desde la concepción. Esta es una verdad incuestionable para cualquier persona sobre la faz de la tierra, pero especialmente para un católico, que sabe que Dios otorga la vida y con ella el alma, que lo convierte en un ser trascendente. Los padres son agentes transmisores de esa vida, pero no la originan y menos infunden el alma inmortal.

La creación del hombre y los mecanismos para la transmisión de la vida están perfectamente diseñados. Y dado que se trata de un ser racional, con un alma inmortal, Cristo instituyó el Sacramento del Matrimonio, para llevar a cabo esta tarea, inserto en el marco de la Ley Natural y regulado por sus Mandamientos.

  • Hablando de los no nacidos, ¿cuál es el daño que nos han provocado estos no nacidos para negarles la existencia? Ningún daño. Pero seguramente no han sido deseados. Y sucede, la mayoría de las veces, que han sido concebidos fuera del matrimonio, producto de acciones irresponsables, donde predomina la búsqueda del placer que acompaña a la actividad sexual.

Los motivos que originan la decisión de terminar una vida que apenas empieza son variados, pero predominan tres justificaciones: problemas económicos para mantener al niño por nacer, la culpa por haberlo concebido fuera de vínculo matrimonial, y el supuesto derecho de la mujer para decidir sobre su propio cuerpo.

Los problemas económicos no pueden ser una razón válida, pues la Providencia Divina no deja a una sola de sus creaturas sin el cobijo necesario. El nacer fuera de matrimonio claro que tiene consecuencias sociales y morales, pero estas consecuencias son originadas por un acto libre, que por definición implica la responsabilidad de quienes lo realizan. Si libremente participaron en el acto sexual, que tiene como finalidad la procreación, entonces tienen la responsabilidad de criar y educar a sus hijos que por ese acto se producen.

La tercera justificación, que afirma que la mujer es dueña de su cuerpo y que ella decide si mantiene o no a un ser engendrado por ella misma, es la más utilizada para interrumpir (matar el feto) el embarazo. El niño engendrado no es un virus o un parásito contraído accidentalmente. Es un ser distinto de la madre. Y esto se puede comprobar científicamente. La carga genética de ese minúsculo ser es distinta de la de la madre y la del padre. Es un ser diferente. Y un principio básico en términos éticos es que la libertad de una persona termina donde empieza la libertad de otro. La libertad de la madre termina donde empieza la libertad del hijo. Que, si bien por el momento no puede decidir, no por ello se deben violar sus derechos. Por ello la mujer no puede decidir sobre un ser distinto, aunque ella lo haya concebido.

Es cierto que se encuentra dentro del cuerpo de la mujer. Así lo dispuso el Creador, porque sabe la necesidad del cuidado y del amor que un nuevo ser requiere de su madre. El hombre es creado como un ser indefenso, que necesita de su madre para sobrevivir. Pero el hecho de que necesite de su madre no significa que la madre sea la dueña de la vida del feto. Ella lo engendra y lo debe proteger. Esa es su función como mujer, asignada por el Creador. Nadie puede negar el derecho a vivir a un niño, para el cual Dios tiene un plan y una misión en la tierra: alcanzar su salvación. Y menos aún cuando el pequeño no tiene la posibilidad de defenderse.

Cortar la vida de un niño no solamente es un asesinato, sino además es negarle la oportunidad de ganarse el cielo.

  • Los millones de asesinatos de inocentes que se comenten, alrededor de 100 millones al año, deja a la sociedad en un estado de indiferencia moral en la que se pierde el sentido de la vida y, hasta cierto punto, la esperanza de la Redención. La sociedad como tal ya ha decretado que es lícito asesinar a los pequeños en el vientre materno, y que es un derecho de la mujer decidir sobre si conserva o no a sus hijos. Una sociedad que mata a sus hijos es una sociedad que transita irremediablemente a su extinción. Y ya lo estamos viviendo. Algunas naciones ya son incapaces de regenerarse, porque ya no tienen hijos que remplacen a los adultos y ancianos. Están fatalmente destinadas a morir, poco a poco, pero inexorablemente. Tan solo veamos las estadísticas sobre las tasas de reemplazo de las diferentes naciones.

En el plano personal, unos padres que asesinan a sus hijos viven con una conciencia culpable, que no los deja vivir plenamente. Esto explica porqué hay tanto consumo de sustancias, lícitas o no, que obnubilan la consciencia. No se puede vivir felizmente cargando sobre los hombros uno o más asesinatos, aunque la ley de los hombres lo permita. Por eso las personas tienden a fugarse, esconderse en los resquicios inmorales que les ofrece la sociedad, o simplemente negar persistentemente la verdad. Dice Josef Pieper:"Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz", y continúa: "pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará lleno de tinieblas. Si, pues, la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuánta oscuridad habrá! Puede ser que se alcance un nivel de engaño creíble para la misma persona, podemos convencernos a nosotros de que no obramos mal, pero eso no nos salva del destino final. Después de todo, tendremos que rendir cuentas ante el Juez Supremo.

  • ¿Y qué hay del destino final de los indefensos asesinados? Desde luego, no son culpables. Pero tampoco han cumplido con la misión que todo hombre tiene sobre la tierra: amar y servir a Dios, para luego gozar con Él en el cielo. Sabemos con un grado de certeza que solo los hijos de Dios, que han recibido el bautismo y han creído en Cristo y practicado su doctrina se salvarán. ¿Qué será de aquellos a los que les fue negada esa oportunidad? Sólo Dios lo sabe. Pero lo que sí sabemos es que los que les negaron esa oportunidad de vivir están en un grave riesgo, cuyo merecido castigo sólo se puede evitar con el arrepentimiento y la penitencia, validados con los sacramentos.

Dios tenga piedad de todos nosotros, que, como sociedad, permitimos el asesinato de nuestros hijos…


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