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22.01.2025

UNA ALARMANTE MODA DE LA CULTURA CONTEMPORÁNEA. Organizan fiestas suicidas para celebrar el suicidio asistido. INFOCATÓLICA. 04ene25. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=51302

Resumen:

El movimiento a favor del suicidio asistido ha transformado lo impensable en una práctica común. Las ceremonias y fiestas para honrar estas decisiones plantean serias preocupaciones éticas y espirituales.

A principios de la década de 1990, una mujer anciana gravemente enferma organizó lo que se denominó una «fiesta de suicidio» en su apartamento. La reunión, que buscaba despedirse de sus amigos más cercanos antes de terminar con su vida, terminó en una intervención de sus seres queridos, logrando que desistiera temporalmente de su decisión. Sin embargo, un año después, influenciada por la literatura pro-suicidio de la organización Hemlock Society, la mujer lamentablemente puso fin a su vida.

Hoy en día, lo que antes era impensable se está normalizando. Las fiestas y ceremonias de suicidio, promovidas por el movimiento de asistencia al suicidio, son cada vez más frecuentes y reportadas en los medios de comunicación. Un caso reciente, difundido por la publicación Reasons to Be Cheerful, relata la historia de una enfermera que, aquejada por esclerosis lateral amiotrófica (ELA), organizó su propia ceremonia de fin de vida en su hogar.

Estas actitudes reflejan un cambio cultural significativo, donde incluso prácticas como los llamados «death cafés», espacios diseñados para dialogar sobre la muerte, se han popularizado en la sociedad.

En este contexto, desde una perspectiva de fe, se enfatiza la importancia de acompañar a las personas que sufren con amor y esperanza. Negarse a asistir a estas ceremonias, aunque sea una decisión difícil, puede ser una expresión genuina de amor que impulse al ser querido a continuar viviendo y buscar apoyo en medio de su dolor.

UNA DE CADA VEINTE MUERTES EN CANADÁ ES POR EUTANASIA. «Una vez que el gobierno tiene el poder de matar a sus ciudadanos, nadie está a salvo». INFOCATÓLICA. 17ene25. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=51411

Resumen:

La presidenta de la Delta Hospice Society (DHS), Angelina Ireland, ha lanzado una severa advertencia a los canadienses acerca de los peligros de la expansión de la eutanasia legal en el país, que se quiere aplicar a niños. Ireland ha asegurado que tal y como se están desarrollando los acontecimientos, «nadie está a salvo».

Una vez que el gobierno tiene el poder de matar a sus ciudadanos, nadie está a salvo», señaló Ireland en declaraciones a LifeSiteNews, al referirse a la creciente presión para incluir a niños en los casos de eutanasia legal.

Desde la legalización de la eutanasia, conocida como MAiD (Asistencia Médica para Morir, por sus siglas en inglés), en 2016 bajo el gobierno liberal de Justin Trudeau, las reglas para acceder a este procedimiento se han ido relajando. En 2021, se amplió su alcance para incluir a pacientes con enfermedades crónicas y, más recientemente, el gobierno ha intentado permitir que quienes sufren únicamente enfermedades mentales también puedan optar por esta vía.

No obstante, tras recibir críticas de grupos provida, médicos, asociaciones de salud mental y varias provincias, la ampliación para incluir enfermedades mentales se aplazó hasta 2027.

Según datos oficiales del gobierno publicados el 11 de diciembre, 15.342 personas fallecieron bajo el programa MAiD en 2023. De estas muertes, 14.721 correspondieron a casos en los que la enfermedad o discapacidad se consideraba «razonablemente previsible» (conocidos como MAiD de Pista 1). Esto significa que, en 2023, 1 de cada 20 muertes en Canadá fue por suicidio asistido.

Además, los informes muestran que aproximadamente la mitad de los canadienses no terminales que optaron por la eutanasia lo hicieron debido a la soledad.

COMENTARIOS

¿Qué es la vida? ¿Cuál es su sentido? Necesitamos reflexionar sobre estos cuestionamientos antes de plantear el tema de la eutanasia.

La vida es el principio que anima y mueve a los seres vivos. No procede de la materia -aunque sí la necesita-, porque la materia no puede generar vida. Solo un ser vivo puede dar origen a otro ser vivo. La materia inerte jamás podrá generar vida por sí misma.

En algún momento en el desarrollo de nuestro planeta, no hubo vida. En el registro de las capas de la tierra, en las más profundas y antiguas, se han encontrado zonas sin rastros de vida. Esto significa que la vida tuvo que empezar en algún momento. Sólo pudo haber sido generada por un Ser vivo, junto con todas las condiciones ambientales para que la vida se mantuviera. Esta fue la parte sencilla. Ahora viene la compleja: este Ser tuvo que establecer las leyes que gobiernan la naturaleza, y el cosmos, que son las que regulan cuanto existe en el universo y, desde luego, la vida. Si generar vida es difícil, establecer toda la compleja maquinaria relacionada con su sentido, desarrollo, sus fines, y su término, es aún más complejo.

La vida no se puede explicar sin un Ser superior, un Ser que tiene el poder no sólo para originarla, sino también para mantenerla y asegurar su supervivencia.

La existencia de la vida en el planeta Tierra no es cosa menor. Tiene infinidad de complicaciones necesarias para su existencia, por ejemplo: temperatura, agua, oxígeno, una atmósfera, una estrella que le da luz y calor, los fenómenos de rotación y la traslación, el campo magnético, una luna, etc., etc, y más etcéteras. La sola vida en la tierra es un verdadero milagro.

Si admitimos que hay un Ser superior que ha dado la vida, es lógico suponer que Él es el dueño, que al Él le corresponde regularla: desde su nacimiento hasta su muerte. A ese Ser le llamamos Dios.

Entre todos los seres vivos de la creación, el hombre ocupa un lugar especial. Dios le concedió un alma racional que le permite conocer y obrar libremente. Este conocimiento nos permite comprender, no sólo lo que existe fuera de nosotros, sino también dentro de nosotros. Aún más: podemos conocer los seres tangibles, pero también los intangible, y aún seres imaginarios, que solo existen en el mundo de las ideas. Conocemos nuestros pensamientos y podemos incluso controlarlos, centrando nuestra atención en cuestiones de nuestro interés.

El dominio sobre nuestros pensamientos y acciones es la base psicológica y moral de la libertad. Y dado que podemos decidir, nos da la apariencia de que somos libres aún para provocarnos un mal a nosotros mismos; es decir, que podemos decidir si queremos o no seguir viviendo. Pero no es así.

Lo hemos comentado en varias ocasiones que Dios nos ha creado libres porque quiere que libremente lo amemos. El Catecismo nos enseña que Dios creó al hombre para amar y servir a Dios en esta vida, para luego verlo y gozarlo en la otra.

La vida es una etapa de tránsito, pues nuestro destino está en el cielo. Y la vida nos ha sido dada no solo para disfrutar y gozar, sino también para trabajar, compartir y servir, y también para sufrir. No toda la vida es placentera. Por el contrario, buena parte de ella está llena de problemas, disgustos y tropiezos. En el sufrimiento es donde se aprecian más los momentos de felicidad que tenemos en este mundo, y es en el dolor cuando se valora la necesidad de la felicidad eterna.

Por otra parte, a diferencia de los demás seres vivos, a cada uno de los hombres y mujeres, Dios nos ha dado una misión en la tierra, una misión personal e intransferible. Todos estamos llamados al cielo. Para alcanzarlo, necesitamos cumplir esa misión que nos ha encomendado nuestro Creador.

¿Qué sucede cuando se pierde el sentido de la vida? ¿Qué pasa cuando rechazamos la misión encomendada y preferimos abandonar la lucha para no sufrir? Si perdemos el sentido de la vida, si ignoramos u olvidamos nuestro destino, entonces la muerte parece ser una salida. Pero si conociendo nuestro destino, preferimos desistir antes que sufrir, entonces la situación es más grave, pues implica la renuncia a nuestro destino final.

El problema del suicidio voluntario o eutanasia es precisamente que la persona se aparta de la misión encomendada, y comete un de los más grandes crímenes, que es doblemente punible o sujeto de castigo: se daña fatalmente a sí mismo (comete un homicidio), y toma una vida que no le pertenece. Es una afrenta directa contra Dios.

Para nosotros los católicos que hemos elegido seguir a Cristo, no solo debemos hacerlo en las alegrías que nos brinda la vida, sino que también hemos de seguirlo en las penas que acompañan el trayecto del Calvario; es necesario también cargar la cruz que nos ofrece.


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